Segunda y última noche de ultrageno en Bogotá, al menos por esta década.
Es la fecha original asignada para el reencuentro, la cual agotó boletas de manera muy rápida.
Todos los presentes en el Auditorio Lumiere esa noche están emocionados, saben que será un concierto épico, muchos llevan esperando el momento, 10 años. Nosotros apenas 24 horas, estamos exhaustos.
El concierto arranca a las 10 de la noche, cómo lo habían anunciado, puntuales. Nos toman desprevenidos, quedamos otra vez atrás.
En medio del concierto, tengo un momento de claridad, un instante de luz. La nostalgia de verlos, saber que este es un nuevo final me hace tomar nuevamente energía y decido meterme en el pogo, allá durare todo lo que resta del concierto.
El sitio es demasiado pequeño para la temperatura y esfuerzo físico de todos nosotros, seguramente no terminaremos como el día anterior, pero si ya estoy muy sudoroso.
Decido ir lo más adelante posible, es nuestra despedida y quiero cantar con Amós, estoy muy bien ubicado, está terminado Drulos y me quiero subir a la tarima, estoy listo. Esta vez no hay intro para Divino Niño, en definitiva, esta noche no pudo superar la anterior. Me logro subir a un bafle, me quiero lanzar pero como hace 10 años, mis pesadas nalgas me traicionan y me voy para atrás, solo hago el ridículo, deberé esperar otros 10 años para intentarlo nuevamente.
Chau ultrageno, los extrañe, los extrañaré, gracias por volver, gracias por compartir.






Defenza en Casa

La siguiente es la lista de canciones presentadas por Alfonso Espriella:
Amos se quito la chaqueta y tomo el micrófono, era el momento más esperado y yo observaba el pequeño espacio que tendría para moverse. No puedo dejar de pensar como es capaz de guardarse todos esos movimientos que durante años vimos en muchas tarimas bogotanas, de limitarse a ese círculo imaginario de no más de 1 metro de radio. Era increíble, yo no podía dejar de sonreír mientras escuchaba las primeras canciones y aunque no miraba a nadie más, sabía que el impacto del sonido y la puesta en escena asombraba a todos. Durante años lo vi corretear por todo el escenario, mover sus manos de un lado para otro, dar brincos, gritar y devorarse al público. Esta noche convertía todo eso en voces y gestos, toda la fuerza contenida en su cara y brazos, en como se brotaban sus venas, en su manera de expresar su música de manera acústica, toda su energía, y emociones contenidas en sus gesticulaciones.



